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  • Paul Raminfar

Todo radica en la disciplina

¿Cuántos seres humanos se consideran a ellos mismos exitosos? Una de las cosas que no logramos percibir, es nuestra propia capacidad para conseguir lo que nos propongamos. Esa predisposición al éxito ocurre al menos una vez al año cuando empezamos a plantear las metas del año que viene. Esa necesidad de mejorar es una de las cualidades más importantes del ser humano, no solo viéndolo desde una perspectiva en la evolución de cada uno de nosotros como especie, sino que adicionalmente un deseo de competitividad que nos puede llevar a crecer. Ese crecimiento es el único aspecto que, en la gran mayoría de los casos, se da por situaciones en la vida que te hacen recapacitar y determinar una necesidad del cambio.

Muchas veces vemos como un “hasta aquí llego”, un “basta” o un “no más” empiezan a marcar un camino. Todas estás frases se dan por un deseo ferviente de un cambio que nos lleve a conquistar mejores resultados. La pregunta que siempre surge es ¿por qué si todos buscan los mismos cambios, tan pocos los están obteniendo?


Veámoslo desde un punto de vista neutral: tomemos como ejemplo una persona que quiere mejorar su aspecto físico y que tiene el hábito de ir al gimnasio 5 veces por semana, pero, que no tiene el cuerpo que quiere por sus malos hábitos alimenticios ¿por qué teniendo la motivación de hacer más del 50% del esfuerzo, no es capaz de empujar un poco más y conseguir sus metas en al menos un 80%? La razón de todo esto es muy sencilla, falta de disciplina. Por más increíble que suene, somos seres que nos da miedo tener la vida que soñamos por las reglas de juego en las que tenemos que vivir a partir del momento en que tomamos esa decisión.


Es precisamente en ese punto, en el que cada quien decide lo que esta dispuesto a sacrificar a cambio de los resultados que quiere obtener, simplemente todo inicia con la disciplina y termina con la disciplina. Lo que quiero decir con esto es muy sencillo, de nada te sirve ir al gimnasio un año, si los siguientes 12 meses no haces nada de ejercicio. Todo radica en esa disciplina a la que solo podemos llegar con nuestra rutina diaria, pero muchas personas, solo con escuchar la palabra ‘rutina’, empiezan con un proceso de desmotivación. En algunos casos se ve reflejado como apatía, en otros con pereza y terminan al final de cuentas con la falta de disposición para sacrificar lo que les toca con tal de conseguir la vida que desean tener.


Una vez escuché la frase “la disciplina es igual a la libertad”, lo que la gente no ha entendido es el significado de la palabra libertad. Esto no es sinónimo de escaparte de un trabajo, ni de dinero solamente, la libertad la defino yo como el estilo de vida que quieras tener. No puedo decir que viajar es para todos, ni tener una mansión frente al mar, simplemente para muchos la necesidad de conseguir esas metas y el nivel de sacrificio que se necesita no es funcional para llegar hasta ahí. Es por eso que lo primero que debes tener en mente para encontrar ese balance en la vida de disciplina, sacrificios y resultados debe empezar con tus objetivos.


¿Cuáles son los objetivos que quieres conseguir en tu vida? Eso no solo te va a empezar a generar los motivos y las razones, sino que desde un plano interno va a encender la llama de la búsqueda de soluciones para conquistar esas metas. Hemos visto en televisión, concursos para bajar de peso, para afrontar miedos, buscar pareja, y esos llamados “reality shows” no se alejan mucho de la realidad en la que vivimos. Todo depende de la motivación en dar un paso al frente y mantener esos objetivos tan claros que siempre necesites dar el siguiente paso.


Es por eso que te dejo 3 pasos para empezar a ser disciplinados:


1. Ten la meta clara, puntual y objetiva.

2. Exígete un poco más de tus capacidades, así la necesidad de crecimiento existe, pero no es abrumadora.

3. Has un plan de acción. Determina cuáles son las acciones fundamentales para empezar y seguir. Siempre ten en mente cuál es el siguiente paso.

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