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  • Paul Raminfar

La capacidad de la iniciativa

Somos, por excelencia, seres optimistas. Si hay algo que nos caracteriza, es que por lo general, nunca empezamos ningún proyecto tomando como punto de partida las partes negativas, sino que por el contrario, buscamos la manera inmediata de minimizarlas o hasta justificarlas en “el mejor de los casos”. A decir verdad, si tuviéramos esa actitud ante cualquier reto seriamos simplemente indomables, auténticos y atrevidos en la búsqueda constante de un futuro mejor. Sería una de esas películas de acción que nos mantienen totalmente hipnotizados frente a la pantalla.



A cada rato aparece en nuestra mente una excelente nueva idea, un nuevo proyecto que empieza a maquinarse y de manera automática levantamos el teléfono, agendamos reuniones, hacemos una investigación de validación superficial y generamos una expectativa, pero al ser acciones reactivas, no nos ponemos a detallar las cosas con profundidad y no logramos planificar la ejecución correctamente, sino que solo pensamos en el resultado, ya que era algo que “nos merecíamos y ya estaba por llegar”.

Una vez empezamos a generar mentalmente el proceso, empezamos a tropezarnos con ciertas cosas que un poco de análisis sacan a la luz, pero es normal “no ver el pelo en la sopa” y por el contrario lo que hacemos es tapar el sol con un dedo y seguir adelante. Viendo ese proceso de manera ejemplar, es de admirar tener esa actitud de solo encontrarle el lado positivo a las cosas. Pero hasta que punto somos capaces de mantenerlo en el tiempo.


Dicen varios coaches de programación neurolingüística o más conocido como PNL, que una persona promedio puede tener hasta 60.000 pensamientos al día. Ahora gran parte de ese proceso creativo no solo se pierde por falta de atención, sino adicionalmente por falta intención, ya que de manera casi automática es un proceso que no esperábamos que se diera y que de la misma manera sabemos por experiencias que se va a repetir eventualmente, por lo que no es trascendental para nuestra vida o por lo menos para el día a día.


Una vez se genera un nuevo proyecto o una nueva idea que consideramos “especial” entra este proceso de iniciativa. Pero ¿qué pasa con la culminativa o la terminativa?

¿Qué es lo que nos obliga a abandonar muchas veces todo ese proceso inicial y poner en marcha toda nuestra maquinaria física y mental ? Existen infinidad de razones y justificaciones que hacen que esto se convierta en un circulo vicioso de ideas que van y vienen (y por eso es más fácil abandonar todo, ya que sabemos que se puede volver a empezar).

Uno de los factores para que estos procesos no culminen se puede determinar por acciones y hasta por los mismos actores, en donde esa película que creíamos que era de acción se convierte en una mas bien de drama, suspenso y hasta terror.


Pero ¿por qué pasa esto tan recurrentemente en todas las áreas de nuestro día a día? Una dieta que no terminamos, un plan de ejercicios que aplazamos, una madrugada que olvidamos, un plan de ahorros y hasta en situaciones que están implicadas como de vida o muerte.

Dentro de estos procesos están claramente involucradas situaciones del pasado, esas experiencias personales o de otras personas que las consideramos cercanas y que por ende las tomamos como propias. Por otro lado también existe un factor intrínseco o extrínseco de desmotivación, en donde a la primera sensación de fricción, incomodidad o dolor, obstaculizamos todo y tomamos la vía más simple de abandono, reencarnar nuevamente la zona de confort y esperar otro proceso más sencillo.




Es por todo esto que te dejo 5 consejos para que, a partir de ahora empieces a tener terminativa en tus asuntos:


1. Busca la intención en las acciones que realices. No te quedes solo con la idea, busca la razón detrás de las acciones.

2. Plantea un plan consciente sobre las nuevas ideas o proyectos (con la misma intención que llegaste a la idea).

3. Estudia el alcance que tiene que tener cada meta y qué necesitas saber o aprender para poder ejecutarlo de manera excelente.

4. Establece las metas que requieres para poder ver o medir y entender el proceso.

5. Trata de evitar la validación externa en una primera etapa, termina el proceso que iniciaste, valóralo y una vez se haya culminado esa parte inicial, hazla publica.


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