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  • Paul Raminfar

Energía, la base productiva

Una de las claves más importantes a la hora de hablar de productividad, sin lugar a dudas, es el proceso para obtener los resultados, al menos los resultados que estamos esperando. La calidad de nuestro desempeño es una de las características que, de manera puntual, cotidiana y constante se ponen a prueba desde nuestra propia percepción de las capacidades y llega hasta las criticas sociales que se encargan de validar o reprochar nuestras decisiones y posteriores acciones.

Pero si llegamos a la base de todo esto, tenemos que hablar de uno de los temas mas importantes del alto rendimiento: La energía.


Desde que estamos en el colegio hemos escuchado el famoso enunciado de la ley de la conservación de la energía en donde se afirma que “la energía no se puede crear ni destruir solo transformar”. Lo que nos da a nosotros la primera gran pista acerca de, no solo de nuestro comportamiento, sino de nuestro verdadero potencial.


Se sabe y se sobreentiende que somos seres energéticos. Lo vemos desde que necesitamos de energía para hacer cualquier actividad (caminar, pensar, hablar, hasta dormir), pero lo que damos por sentado es nuestra capacidad de desempeño constante tratando de justificarlo sin tomar en cuenta la carga energética.


De manera bastante irónica, inconsciente y hasta ingenua, creemos que somos muy diferentes a un aparato electrónico que no necesita recargarse, y por el contrario tratamos de alargar los días lo más que podemos sin entender que nuestro desempeño no está ni cerca de nuestro potencial, debido a bajas cargas energéticas. Si lo analizamos desde una perspectiva bastante objetiva, tenemos varios ejemplos que demuestran lo que acabo de escribir. En una primera instancia, muchas veces no dormimos y mucho menos descansamos, lo mínimo que nuestro cuerpo requiere por la razón más increíble de todas, la “falta de tiempo”. Algo que es totalmente absurdo, no solo porque es una necesidad, sino por la poca consciencia que tenemos sobre nuestro propio cuerpo que, sin el descanso indicado, no vamos a poder producir los resultados esperados, y mucho menos, sobrepasar los limites y alcanzar la vida que siempre hemos querido.


Todo inicia con las prioridades. Siempre me acuerdo de un famoso comercial de condones hablando de enfermedades de transmisión sexual, cuyo lema era “es mejor prevenir que lamentar”, pero al ser humano le encanta llevar las cosas al limite donde “lo salvó la campana”. Desde un plano energético funciona exactamente igual, vemos como empresas que trabajan turnos de 12 horas, pretenden que el nivel de desempeño de una persona sea constante y que por ejemplo el nivel de concentración, energía física, porcentaje de minimizar errores sea el mejor.


Uno de los ejemplos, especialmente en puestos de trabajo que siempre me ha llamado la atención son los oficiales de seguridad, que a la hora laboral número ocho ya están cabeceando en su puesto de trabajo y que particularmente están ahí por un tema de seguridad, yo pregunto ¿de verdad podemos pretender que esa persona se encuentre en su mejor nivel para defenderse él mismo en caso de una situación exigente?


Con esto no quiero generar más controversia, pero no podemos pretender resultados diferentes a los que estamos obteniendo si nuestra prioridad nunca va a ser entender el proceso de rutinas que te recarguen de energía empezando por el sueño, siguiendo por la actividad física, como por ejemplo el ejercicio y por otro lado las funciones que debemos desempeñar en el trabajo puntualmente para poder tomar las decisiones correctas que van a requerir acciones prácticamente inmediatas filtradas por emociones y su función energética, ya sea de elevación de los niveles de energía por resultados positivos, como la necesidad de recuperarnos de una situación que desencadena en emociones negativas.


Esa capacidad resiliente es la que nos va a llevar al final de cuentas a lograr o no los resultados por un proceso constante de acción y reacción que dependerá de nosotros si es proactiva o limitante y destructiva. Así que mi recomendación es: conoce tus limites, escucha a tu cuerpo y planea absolutamente todo (sí, hasta el descanso).

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